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SAN MARTIN - O'HIGGINS: EL TERRITORIO OLVIDADO EN LA PATAGONIA

Autores: Gino Buscaini & Silvia Metzeltin

Territorio olvidado

El misterioso

Las primeras exploraciones

Más allá del Río de las Vueltas
Cordón Gaea

Gorra Blanca - Cerro Vespignani

En los últimos rincones

Cerro Steffen

¿Nadie más?


Cerro Alesna

El lago San Martín-O'Higgins


©Techint, 1997. www.tecpetrol.com

TERRITORIO OLVIDADO

"A 3.000 kilómetros al sudoeste de Buenos Aires, a los 49º de latitud, se encuentra, en la mayor soledad, el lago San Martín. Sólo en la época de la esquila de las ovejas, en diciembre y enero, revive el tráfico entre su orilla oriental, en la que existen grandes propiedades, inglesas en su mayor parte, y el puerto de Santa Cruz". (Ilse von Rentzell, 1935)

Entre el ya también turísticamente bien conocido grupo montañoso del Fitz Roy y del Cerro Torre y el pueblo de Villa O'Higgins hay 100 kilómetros en línea de aire. Miden una franja de territorio que hacia el este atraviesa cerros y mesetas precordilleranos cada vez más esteparios mientras que hacia el oeste se halla encerrado por altas cumbres que delimitan las solitarias extensiones del Hielo Patagónico Sur.
Las particularidades topográficas condicionaron el destino de la región. No sólo por la inaccesibilidad causada por la inclemente meteorología sino por haber sido difícil en todo momento encontrar allí una línea de frontera clara y unívoca entre Chile y Argentina. Justamente a raíz de la complicación orográfica e hidrográfica derivan las confusiones de los geógrafos sobre las cuales se plantearon a su vez las interpretaciones contrastantes de los políticos.

Por estas razones el territorio abandona de vez en cuando el olvido para aparecer en los diarios y para que así, incluso el que no sabe bien dónde se encuentra la nombrada Laguna del Desierto, pueda saber que por ella persisten aún fricciones de limites a pesar de los varios arbitrajes internacionales que se sucedieron desde hace más de un siglo. Pero es sin embargo necesario admitir que se trata de un rompecabezas geo-topográfico, más que político.
Es en general una de las regiones menos habitadas de la Patagonia precordillerana donde la mayoría de las veces los intentos de poblarla se paralizaron. Cerca de la frontera, en territorio chileno, en el lugar denominado Desembocadura del Río Mayer, se levanta el pueblo de Villa O'Higgins. Fue fundado en 1966 y su nombre sugerido por Mateo Martinic, conocido historiador patagónico y en aquellos años Intendente de la vecina provincia de Magallanes.
A Villa O'Higgins se llega por tierra y hasta el momento sólo a caballo o a pie. La Carretera Austral que costea el Río Baker llega hasta Puerto Yungai y, dados los obstáculos que se presentan a causa de los acantilados rocosos, los pantanos y el lozano bosque pluvial, se necesitarán aún varios años antes de que esta huella de penetración alcance Villa O'Higgins. El pueblo es abastecido semanalmente por una avioneta que llega desde Coyhaique. Pero llega cuando puede, cuando el tiempo lo permite, porque a menudo no puede aterrizar por el viento o por las nubes bajas. Su ruta sigue más o menos la antigua huella de las tropillas que en cinco días de cabalgata hacia el norte permitía llegar al pueblo de Cochrane. El paso natural, más allá de la depresión de la Cordillera señalada por el gran recodo del Río Mayer, no está habilitado. A pesar del avance de rudimentarias carreteras y de providenciales puentes sobre algún río, la situación socio-económica sigue siendo precaria y quizás destinada a cambiar sólo el día en el cual se decida una apertura liberadora de la frontera entre las dos Patagonias en consideración hacia los pobladores, los viajeros, la madera y el ganado.
A Villa O'Higgins se puede llegar también navegando un lago, el más aislado y singular de los lagos patagónicos.

EL MISTERIOSO

En medio de este territorio se extiende un lago grande, de orillas encajonadas, rodeado por montañas y articulado en ocho brazos comunicados entre sí. En sus lechosas aguas flotan los témpanos caídos de los glaciares y empujados en forma caprichosa por las tempestades. Está situado al este del eje de la Cordillera y sin embargo su emisario, el caudaloso Río Pascua, desemboca en el Canal Baker del Océano Pacifico.
En 1899, en la Escuela Tipográfica Salesiana de San Benigno Canavese (Italia, cerca de Tormo), se imprimió un libro de Lino D. Carbajal, director del Observatorio de Patagones, titulado "La Patagonia - Estudios Generales". La obra estaba dedicada a Monseñor Giovanni Cagliero, Vicario apostólico de la Patagonia y Pampa Central, el mismo al cual el Padre De Agostini dedicaría un Cerro del que hablaremos más adelante.
En dicho libro podemos leer: "Avanzando más hacia el sur encontramos los lagos Buenos Aires y Gio hasta llegar a una serie de lagos que se comunican entre los 48º 50' y los 5lº l0' y que adquieren diferentes nombres como el Misterioso al norte, el Viedma en el centro y el Argentino al sur: probablemente se comuniquen con el Pacífico conforme la opinión de algunos viajeros".
En realidad el lago aún misterioso para historiadores y viajeros había sido ya geográficamente descubierto en 1877 por Perito Moreno quien, después de haber recorrido y denominado el lago Argentino, avanzó hacia el norte y luego de una marcha de alrededor de 50 kilómetros a través de las mesetas avistó otro lago y se expresó así: "La civilización no le conoce aún... llamémosle lago San Martín, pues sus aguas bañan la maciza base de los Andes, único pedestal digno de soportar la figura heroica del gran guerrero". El lago resultó luego dividido por una frontera política y actualmente se llama San Martín en su parte argentina y O'Higgins en su lado chileno. Sin embargo, estos dos héroes nacionales y contemporáneos que combatieron por la misma causa (la de independizarse de España) se encuentran reunidos en el triste destino de la incomprensión y del exilio. Su recuerdo puede compartirse ciertamente sobre este lago y, dado que es justamente el lago que caracteriza al ambiente, llamaremos con su nombre a todo el territorio del cual queremos hablar.

LAS PRIMERAS EXPLORACIONES

Dado que por la definición de la frontera la línea del "divortium aquarum" sostenida por Chile y la de los cerros más altos preferida por la Argentina no coinciden para nada en la antojadiza topografía de este territorio, las comisiones de límites encontraron muchas más dificultades de lo previsto. Operaron sobretodo entre 1894 y 1910. La penetración hacia el lago sobreviene en principio por el este donde al sur del Cerro San Lorenzo la Cordillera baja y permite varios pasos fácilmente accesibles, particularmente a lo largo del Río Mayer. Este nombre le es atribuido en 1896 por el naturalista J. B. Hatcher del Museo Carnegie que lo descubrió y que quiso dedicárselo al gobernador de Santa Cruz, Edelmiro Mayer. La huella de acceso pasaba por los aserraderos de "Tucu Tucu", topónimo que deriva de los roedores (Ctenomys magellanicus) que asustados emiten un sonido que da origen a su nombre; tienen un aspecto de rata y viven en cuevas de galerías múltiples minando así el paso de los animales por el campo.

De esto ya se lamentaba Clemente Onelli, el naturalista que llegó al lugar en 1899 para las comisiones de los limites, cuando se dirigió al lago San Martín siguiendo las indicaciones que encontró en Tamel Aike escritas con carbón sobre una tabla: "Tome usted rumbo al pico de las Vacas y cuando llegue a enfrentar el término del cordón basáltico que desde allí y por el lado sur remonta paralelo al Río Chico, atraviese el Río Lista y suba por la quebrada... la barranca carbonífera le dirá a usted cuál es el Río Carbón que debe seguir hasta sus nacientes para desde allí superar el boquete de dos mil quinientos metros y dejarse caer por el arroyo más próximo al lago San Martín...". La fiel descripción de la huella, como así también las indicaciones geológicas, son todavía hoy válidas. Onelli, en el río que justamente se llama Caracoles, encontró "ammonites grandes como ruedas de carros sobrepuestos a ricas capas de carbón de piedra". Tanto los niveles de carbón como la presencia de fósiles atrajeron a partir de entonces a otros geólogos hacia las orillas orientales del lago. Realizaron allí sus búsquedas Bonarelli, Riccardi, Feruglio, y una formación geológica del Paleozoico derivó justamente su propio nombre de la gran ensenada lacustre de la Bahía de la Lancha, mientras un fósil del Cretáceo fue llamado Sanmartinoceras patagonicum.

Durante el mismo año 1899 llegó al lago el geólogo alemán Rodolfo Hauthal quien estaba estudiando los glaciares de la Cordillera y que con los relatos de sus viajes patagónicos entusiasmó en 1903 al químico y geólogo alemán Federico Reichert para que emigrase a la Argentina donde más tarde llegaría a ser profesor universitario y "padre" del andinismo argentino. También en 1899 llegó el geógrafo chileno Luis Riso Patrón quien se encargó de relevar las áreas de los alrededores del lago regresando al mismo lugar en 1902 y publicó luego el primer mapa de Chile digno de credibilidad. En los mismos años fueron reconocidos los valles de los Ríos Bravo y Pascua por Ricardo Mitchell y Carlos Briceño. Ellos eran colaboradores del explorador más importante de la región que aquí nos interesa: Hans Steffen, filósofo y científico alemán que se desempeñaba en Santiago en el Instituto Pedagógico, contratado en 1896 por Diego Barros Arana para la exploración de la Patagonia. Steffen realizó nueve viajes a la Patagonia, siete de los cuales los hizo a pedido del gobierno chileno entre los años 1892 y 1902. Los resultados más completos de su trabajo están reunidos en su obra fundamental, "West Patagonien", que consta de dos tomos y que fue publicada primeramente en Chile y más tarde en Berlín, en el año 1919, después de la primera guerra mundial.

Steffen, a quien también Padre De Agostini considera ''sin dudas el explorador más inteligente y tenaz de la Patagonia occidental", es recordado por monumentos y calles que llevan su nombre en varios pueblos de la Patagonia. Lo recuerda también un glaciar que baja del Hielo Patagónico Norte, el fiordo en el cual este desemboca, y algún otro cerro a él dedicado. El más bello de éstos es ciertamente el Cerro Steffen que se erige más allá del remoto Brazo Oeste del lago San Martín y de cuya conquista se hablará más adelante.
Hay por cierto un hecho curioso: otro cerro imponente muy cercano al Cerro Steffen fue bautizado Cerro Krüger, aunque podemos pensar que Steffen no habría aceptado con agrado este bautismo. El mayor historiador de andinismo de Chile, Evelio Echevarría, relata que entre los acompañantes de Steffen se encontró otro alemán, Paul Krüger, "quien a su regreso a Alemania escribió un libro injurioso y plagió los mapas que el Dr. Steffen había levantado con tanto sacrificio". El Cerro Krüger y la esbelta aguja que lo flanquea no son todavía escalados, si bien es posible que la aparente mala calidad de la roca tenga algo que ver con lo que relata Echevarría.
El gran explorador patagónico fue sepultado en los Alpes Suizos, cerca del mismo pueblito de Clavadel donde escribió la versión alemana de "West Patagonien". Al fondo del cementerio, bajo altos y severos alerces europeos, en la cabecera de una tumba abandonada se puede encontrar todavía una sencilla tabla de madera que dice: Dr. Phil. - Hans Steffen - 1865-1936. Pero ¿quién de entre los visitantes sabrá a qué se refiere el gran explorador de la Patagonia?

MÁS ALLÁ DEL RÍO DE LAS VUELTAS

Antes de dirigir nuestra atención a los Cerros de la Cordillera se puede aquí insertar una mención a la región esteparia de las mesetas profundamente incisas por la red hidrográfica, que se extiende al este del Río de las Vueltas. Emergen de ellas algunos relieves, en gran parte de rocas volcánicas muy rotas, pero que pueden revestir interés como metas invernales o bien para quien quiera cumplir travesías a caballo a lo largo de las antiguas sendas en los lugares habitados por guanacos. Los relieves culminan en el monte Cangrejo (2025 m), que De Agostini definió como "soberbio torreón rocoso pero del cual no se conocen detalles".

Una travesía por la Meseta del Quemado y por la Meseta del Viento fue realizada por el destacado alpinista italiano Walter Bonatti junto a dos compañeros durante el verano de 1970/71.
Recientemente el guía alpino argentino Alberto Del Castillo, siguiendo el Río Portales, descubrió un interesante recorrido excursionístico que cruzando dos portezuelos comunica el valle del Río de las Vueltas con la península Maipú del lago San Martín. Se transita así a través de los parajes del único cerro que se alza intrépido y que ya con su nombre revela su conformación a agujas: el Cerro Astillado (1746 metros, quizás más alto). Fue escalado partiendo de la Estancia Maipú el 22 de enero de 1985 por Armando Aste, Fabrizio De Francesco, Mario Mánica y Mario Marisa: zócalo nordeste de 400 metros, dificultad del II al IV grado y pared sudoeste de 300 metros, del IV hasta el VI grado plus y A3, roca friable. Ha sido ascendida también una punta que se eleva sobre la cresta noroeste denominada "Punta Fiamme Oro": 100 metros, V grado.

CORDÓN GAEA

"El desfile a lo largo de la sierra Gaea pertenece a uno de los máximos encantos del paisaje que pudiera experimentar un conocedor de las altas montañas de distintos rincones del mundo". (Federico Reichert)

Quien tenga la suerte de escalar las cimas de los grupos del Fitz Roy y del Cerro Torre un día de buen tiempo podrá ver abrirse hacia el norte, en los límites orientales del Hielo Patagónico Sur, un vasto horizonte de hielos y cumbres ignorados por la mayor parte de los andinistas. Más allá del valle del Río Eléctrico surgen, en efecto, cerros poco conocidos, alguno de los cuales tienen formas atrayentes y ofrecen también algún desafío andinístico. Estos cerros están dispuestos en dos cordones distintos. Al oeste, entre el Corredor Hicken y el Glaciar Chico, se sitúa el Cordón Gaea del cual habla Ilse Von Rentzell: "Desde nuestra altura percibíamos las vertientes orientales de fantásticas cumbres heladas... que, en honor de la Sociedad Argentina de Estudios Geográficos, hemos bautizado con el nombre de Gaea". A la cumbre más alta del Cordón se le dio el nombre de Cerro Pirámide, el que hacia el sudeste presenta un relieve menor llamado Cerro Lliboutry en honor del gran glaciólogo de los Andes a quien se le debe la primer cartografía general de los cerros de los Hielos Patagónicos. Es digno de mención que este Cerro Pirámide de los andinistas, de 2700-2800 metros de altura, se encuentra más hacia el sur del indicado con la altura de 2148 metros en los mapas.

Durante 1933, año en el cual se desarrolla la expedición Reichert, muere en Buenos Aires el botánico Cristóbal Hicken quien también tendría que haber participado en esta exploración: en su recuerdo se denominó Corredor Hicken a la porción de Hielo Patagónico al Oeste del Cordón Gaea, entre éste y el Volcán Lautaro.
Actualmente el acceso más simple al Cordón Gaea es el que se abre entre el valle del Río Eléctrico y Paso Marconi. Pero cuando Federico Reichert lo reconoció con su expedición de muchas peripecias en el verano de 1932/33, llegó hasta allí desde el lago San Martín. Acompañaban a Reichert el médico de Bariloche Juan Neumeyer, el botánico Arturo Donat y la pintora y naturalista Ilse von Rentzell. El propósito de ellos era atravesar el Hielo Patagónico en aquella latitud hacia los fiordos del Océano Pacífico. El acercamiento a lo largo de las escarpadas orillas del lago no fue tan fácil y así lo describe Ilse von Rentzell: "las personas debimos bordear a pie la orilla sur del lago, lo que requirió seis días. Después que hubimos cruzado el Brazo Sur, en bote y remando entre icebergs, encontramos al último colono de la zona quien afortunadamente pudo poner a nuestra disposición tantos caballos que subimos montados. El camino llevaba en muchos sitios a través de una selva de hayas antárticas y de prados pantanosos en los que algunas veces se hundieron hasta el vientre, a un tiempo, tres caballos de carga".

A partir de la estancia de Luis Mansilla fueron guiados por el peón Manuel Aguilar quien debía demostrar su valiosísimo y generoso compañerismo. La expedición no llegó a la cumbre principal del Cordón Gaea pero alcanzó primeramente el lado este del mismo hasta una altura de aproximadamente 2000 metros. Seguidamente la cresta oeste hasta una altura cercana a los 2300 metros desde donde divisó el Glaciar Chico, antiguamente conocido con el nombre de Schonmayer. En aquella ocasión Reichert notó además el fuerte retroceso del Glaciar O'Higgins y también la piedra pómez pura depositada recientemente sobre el hielo, hecho que valorizaba los testimonios de resplandores vistos por los pobladores y referidos a un misterioso volcán que más tarde se revelaría como el Volcán Lautaro ubicado en el interior del Hielo Patagónico Sur. La expedición permaneció luego, y durante largas semanas, bloqueada sobre el Hielo en medio de la tempestad viviendo momentos dramáticos debido a las carpas destruidas por el viento y las nevadas, pero finalmente logró llegar a la divisoria inter-oceánica y presenciar una erupción de gas y cenizas del Volcán Lautaro.
A la intrépida Ilse von Rentzell, la primera mujer que participó en una expedición sobre el Hielo Patagónico, Hugo Corbella le dedicará la puntiaguda cumbre de 2408 metros que emerge hacia el norte aislada entre los hielos.

La misma Ilse von Rentzell la había entonces vislumbrado con emoción: "vimos al noroeste, por vez primera, en toda su extensión, una cadena de montañas que aún no figuraba en los mapas. Entre esta nueva sierra, que presentaba las típicas formas de cumbre llamadas puntiagudos, se extendía el glaciar principal con una anchura de 40 ó 45 kilómetros".
El Cerro Pirámide fue ascendido sólo en 1972, y luego de un intento realizado durante el año anterior, por Mariano Lynch y Javier Sorondo del Club Andino Bariloche (CAB), quienes llegaron al lugar por Paso Marconi y ascendieron la ladera sudeste y luego la cresta este bajando después hacia el norte. Más tarde se supo de otra ascensión efectuada en 1994 por la expedición de Roland Haas a través de la empinada ladera sudoeste (500 metros) y la cresta sur. También en esta zona, cuyo acceso para entonces se había tornado más fácil, se cumplieron otros ascensos que no resultaron señalados. Deben mencionarse aquí también las tres expediciones argentinas animadas por Hugo Corbella quien en 1956 había llevado a cabo la segunda ascensión al San Lorenzo.
Sobre las pisadas de Reichert y por haber escuchado de labios de Ilse von Rentzell la historia de aquella aventura, se adentraron por el Glaciar O'Higgins.

En 1957 Hugo Corbella, Frank Memelsdorf y Martín Salomón exploraron un tramo del ventisquero Chico; en 1958 Hugo Corbella, Antonio Costa, Eduardo Finelli y Hebe Ruiz, con esquíes, trineos y con el invierno ya muy avanzado, con nieve, lluvia y grietas abiertas, tuvieron que retirarse luego de llegar a los pies del Cordón Gaea; en 1959 Hugo Corbella, Pablo Schiffini y Marcelo Costa lograron cumplir aquello que había sido el propósito de Reichert: la travesía hasta el Pacífico luego de haber recorrido antes también el trayecto desde Glaciar O'Higgins hasta el Paso del Viento y el lago Viedma de ida y de vuelta.

Siempre explorando el Hielo entró por el Glaciar O'Higgins Eric Shipton en 1960 sin haber escalado hasta entonces ninguna cumbre. Partió desde la pequeña estancia El Cóndor, situada sobre la orilla del fiordo Maipú, a la que se puede acceder por tierra.
De aquel acercamiento el gran explorador tuvo más temores de los que experimentaba sobre las montañas: "tres veces uno de los vehículos se empantanó en los lechos de los ríos y las últimas tres millas de la pista consistían en una travesía terrorífica sobre empinadas pendientes montañosas e inestables".

GORRA BLANCA - CERRO VESPIGNANI

Entre el Glaciar Chico y el Brazo Sur del lago San Martín hacia el oeste y el Río de las Vueltas al este se extiende un cordón con diversas ramificaciones. El cerro más notable se erige en su límite sudoeste y se llama Gorra Blanca. Es una cúpula de hielo con dos cumbres comunicadas por una larga cresta casi horizontal: la norte es la principal, con 2920 metros de altura, mientras que la sur tiene sólo 2800 metros aproximadamente y fue denominada Gorra Blanca Sur. De la cumbre principal sobresale hacia el norte una afilada cresta que culmina con un empinado cerro de hielo (2750 metros) erróneamente señalado como "Cerro Ilse" en el mapa Buscaini 1986, que fue extraído del mapa efectuado por Manolo Puente en 1962. El ascenso a la Gorra Blanca había sido ya intentado por Padre De Agostini en 1935. La vía que hoy puede considerarse normal, con acercamiento desde el Paso Marconi, se extiende a través de la ladera sur hasta la marcada espalda a aproximadamente 2300 metros y luego continúa a través de la cresta oeste, larga pero fácil, a pesar de los hongos de hielo cercanos a la cumbre que pueden presentarse en diversas formas según las estaciones. La vista panorámica desde la cumbre es soberbia y se trata de uno de los ascensos de escasas dificultades técnicas más remunerativos de la región. Naturalmente se necesita un tiempo al menos discreto como el que lograron encontrar los argentinos Augusto Mengele del CABA y Pedro Skvarca del CAB cuando cumplieron el primer ascenso el 12 de enero de 1964. Ellos, sin embargo, rodearon la Gorra Sur y atacaron la cumbre principal por el este superando en el camino la empinada pared de hielo (600 metros) con desplomadas cornisas. El segundo ascenso se realizó sólo dos días después y lo llevó a cabo Carlos Comesaña con otros tres compañeros del CABA. Durante casi treinta años la cumbre fue confinada a la espera y vivió luego dos ascensos casi simultáneos en el lapso de dos días. Pasaron luego otros veinte años hasta el tercer ascenso realizado por Gino Buscaini y Silvia Metzeltin, el 18 de enero de 1984, quienes la ascendieron desde el sur utilizando los esquíes hasta la espalda de la cresta oeste (aproximadamente 2300 metros) y alcanzaron la cumbre siempre por la misma cresta. Aquí el terreno es apto para el esquí alpino y la bajada con los esquíes desde la espalda de la cresta a través del Glaciar Marconi es de las que se desearía que no tuvieran fin.

El 9 de enero de 1987 se verifica otro ascenso perpetrado por los alpinistas del CAB, M. Joos y D. Rodríguez. Seguramente otros se llevarán adelante también durante los años '90.
Regresemos al año 1964: el mismo día en el cual subieron por primera vez la Gorra Blanca, Skvarca y Mengele atravesaron también el altiplano glacial que a través de la Gorra se prolonga por casi 3 kilómetros hacia el noreste y alcanzaron el Cerro Cagliero (2570 m). Lo enfrentaron por la pared sudoeste que estaba frente a ellos, en un primer momento sobre roca y luego unos 200 metros sobre hielo hasta la cresta que, muy expuesta y con una antecima que hay que rodear, conduce al hongo de la cumbre. Vieron más abajo, hacia el sur, un magnifico torreón de roca y hielo. Lo quisieron llamar Torre Pangerc en recuerdo del escalador trágicamente desaparecido en el Paine diez años antes pero no lo escalaron por el advenimiento de la tormenta que los obligó a retornar.

El Cerro Cagliero se muestra imponente también desde el Río de las Vueltas. Entre la pared norte y el poderoso pilar del ángulo noreste se encuentra encerrado un estrecho glaciar suspendido. Desde el Valle del Puesto fue efectuado un ascenso por parte de Pedro Lüthi, Roberto Lara, Roberto Savalza y Flavio Resachi en 1993. El Padre De Agostini se había adentrado en el Valle Cóndor para efectuar un reconocimiento de la Gorra Blanca por el este. Escaló una montaña panorámica ("Loma del Diablo") y bautizó con el nombre de Monseñor Giovanni Cagliero, cardinal salesiano de la Patagonia, al cerro que luego subirían Mengele y Skvarca. Bautizó también al Cerro Vespignani, de aproximadamente 2200 metros, que se extiende asimétricamente más hacia el norte y expone ventisqueros de pendientes no muy escarpadas pero con muchas grietas hacia el este, sobre la Laguna del Desierto, mientras precipita al oeste con repulsivas paredes rocosas. Ha sido alcanzado en 1968 por Cesarino Fava y Boris Kambic, "sin encontrar dificultades técnicas" mientras una cumbre sur fue escalada en 1992 por Horacio Bresba quien desdichadamente moriría en el Fitz Roy poco después.
Se puede aún recordar, aunque no sea posible reconstruir los detalles que, en febrero de 1937 y luego del fallido intento al Fitz Roy, los italianos Ettore Castiglioni y Leo Dubosc, desde el Campo Base del Fitz Roy, "hicieron una cabalgata hasta el lago San Martín reconociendo valles y lagos en parte inexplorados".
Adentrándose por el Valle de los Toros, desde el cual desciende un río con soberbias cascadas, es posible rodear por el oeste el Cerro Vespignani y avecinarse a otros cerros sin nombre, y entre ellos, también al Cerro Milanesio. De Agostini subió y bautizó a este último en 1937 pero escalándolo por el lago O'Higgins, a través de la ladera Norte, y acompañado por Carlo Cassera, Amedeo Zampien y el carguero chileno Vidal. Se sabe de otro ascenso a este cerro llevado a cabo por Jorge Lemos de Calafate con algunos compañeros.

Estos cerros son hoy en día más accesibles gracias a la carretera que une el pueblo de Chaltén con la Laguna del Desierto. Transitando por esta carretera, en la desembocadura del valle del Río Eléctrico, se alza amenazante un cerro que con sus ruinosas paredes de roca volcánica constituye todo el alto costado de dicho valle. Es el Cerro XXX Aniversario que con su nombre recuerda el 300 aniversario de la fundación del Club Andino Bariloche creado en 1931. Surge al término de una ramificación del cordón que parte de la Gorra Blanca Sur para formar el Cerro Neumeyer. Ha sido escalado varias veces y la vía más simple pasa por los empinados ventisqueros de la pared sur que conducen al paso cercano a la antecima este. Un itinerario fácil, muy largo pero excepcionalmente panorámico, es la travesía integral de su cresta, de oeste a este, partiendo desde las mesetas glaciales en la base del Cerro Neumeyer para bajar luego desde los ventisqueros en el valle del Río Eléctrico (Gino Buscaini, Silvia Metzeltin, 3-4 de febrero de 1981).

EN LOS ÚLTIMOS RINCONES

Los mayores desafíos andinos de este amplio territorio se encuentran sin embargo centralizados en su parte central, más allá de los brazos sur y oeste del lago. Los ascensos importantes que fueron en él efectuados hasta ahora se cuentan con los dedos de una mano. El infaltable Padre salesiano Alberto María De Agostini (1883-1960), a quien se le debe la exploración principal de los Andes Patagónicos Australes, se abrió paso también a través del Brazo Oeste en 1940. Permaneció allí durante una semana en la entonces floreciente estancia "La Ramona" llevando a cabo algunos ascensos sobre los montes vecinos que presumiblemente debieron ser relieves de los cordones Peine y Pascua. Pasó también diez días en un puesto de la Bahía Santa Lucía llegando hasta "un anfiteatro" antes del glaciar Huemules. Tomó las primeras fotografías panorámicas de la zona y se dio cuenta de sus potencialidades alpinísticas. Aún reconociendo la diversidad morfológica de los dos cerros más bellos erguidos ante él, los denominó "Mellizos" introduciendo así un equívoco respecto a la cartografía existente, equívoco que será descubierto veinte años después y que aún persiste entre los pocos pobladores que han visto los esbeltos cerros como así también en la cartografía oficial.

Dos fueron los ascensos más significativos de la zona. En 1960 fue escalado el Cerro O'Higgins (2910 m) que se alza imponente y con varias cumbres al norte del gran glaciar homónimo. Los chilenos Eduardo García, Cedomir Marangunic, Waldo Espinoza y Francisco Vivanco llegaron con un barquito desde el lago San Martín hasta la estancia Los Ventisqueros y se cruzaron con el explorador británico Eric Shipton que regresaba de un intento fallido al Volcán Lautaro. Hicieron un campamento base en la margen sudeste del Glaciar O'Higgins, cruzaron a la ribera noroeste levantando otro campamento y se dirigieron luego a un ventisquero que baja hacia el sur desde la cumbre del Cerro O'Higgins. En recuerdo de la madre de Bernardo O'Higgins le pusieron el nombre de Isabel Riquelme a este ventisquero. Instalaron otro campamento a los pies de la pendiente al fondo del ventisquero sin saber, por falta de visibilidad, que estaban en la base de una impresionante cascada de hielo.
Me cuenta Eduardo García, profesor de educación física que actualmente enseña técnicas de montaña en la Universidad de Chile: "A los pocos metros la ascensión se convirtió en escalada. El piolet y los crampones junto con la cuerda se hicieron indispensables. Grietas, séracs, puentes de nieve se sucedían uno tras otro sin que supiéramos lo que continuaba más adelante. El viento era tan violento en sus ráfagas que nos obligaba a echarnos al suelo anclando el piolet y afirmándonos en los crampones lo más que podíamos. Hicimos un campamento en un rellano a los pies de un gran sérac que utilizamos como protección de los aludes que durante todo el día tronaron a nuestro alrededor. Esa noche tuvimos uno de los mayores sustos de montaña: en el continuo retumbar de aludes de la cascada de hielo sentimos de pronto uno de inmensas proporciones tan cerca nuestro que creímos que se nos vendría encima. Cuando todo el tronar pasó continuamos en silencio. Nos costó conciliar el sueño, sólo se sentía el viento y la caída de abundante nieve sobre la carpa. A pesar de todo continuamos subiendo todo el día asegurándonos a poca distancia con clavos de hielo. Finalmente llegamos a un rellano amplio con poca pendiente. Allí estuvimos detenidos dos días interminables con una nevazón intensa. A la mañana siguiente el día fue maravilloso y continuamos a la cumbre que la teníamos casi encima y sin grandes dificultades. La vista era espléndida. Durante el descenso nos dimos real cuenta del problema en que nos habíamos metido. En fin, ya estaba hecho y lo habíamos hecho bien".
La expedición subió también el Cerro Martínez de Rosas (2400 metrosaproximadamente).

Según parece, el poderoso Cerro O'Higgins, con las varias elevaciones de su cresta revestida de hongos de hielo, no recibió ninguna otra visita desde entonces a pesar de ser bien reconocible en el panorama también desde las orillas del lago.
Sin embargo la soledad de las montañas estaba rota. En 1962 llegó al Brazo Oeste un cuarteto de amigos del CAB de Bariloche que se había preparado minuciosamente para una expedición invernal. Pero como la Patagonia Austral es absolutamente imprevisible en lo concerniente a la meteorología, Joaquín Hardt, Ernesto Gebauer, Jean Gertis y también Donat Hirsch, quien oficiaba de apoyo, se encontraron ante una situación inesperada. Porque en ese invierno austral de 1962 no cayó nieve. No pudieron entonces usar los esquíes que con tanto esfuerzo habían transportado hasta allá adentro y el hielo de los glaciares se mostró tan duro a tal punto de romper las puntas de los crampones.

La expedición tuvo sin embargo un gran mérito merced a la exploración de aquel rincón perdido. Logró alcanzar una cima secundaria, aunque imponente y complicada, panorámica al punto de permitir el reconocimiento de la topografía general y del recorrido de las lenguas glaciares. Se trata del Cerro Indeterminado que se alza más allá del gran playón en la desembocadura de los Ríos Bravo y "Huemules" que desaguan ambos en el Brazo Oeste a poca distancia el uno del otro (y no se unen como los mapas lo indican).
Se desarrollaron bosquejos orográficos y se otorgaron topónimos a algunos de los numerosos cerros innominados. Se recuerdan de esta manera también a las respectivas esposas de los tres andinistas con los cerros Wonni, Sigrit y Margot, puntas nevadas menores similares entre si que se alzan hacia el oeste más allá del Glaciar Rivera. Un corpulento cerro revestido de hielos, pilar angular de un cordón que se adentra hacia el Hielo al fondo del valle del Río Manso y de cuyas dimensiones quedaron admirados, fue bautizado Cerro Plúschow en recuerdo del audaz aviador alemán quien sobrevoló por vez primera la parte meridional del Hielo Patagónico Sur y que encontró la muerte precipitándose con su avioneta en el lago Argentino en 1931. Es un recuerdo atinado aún cuando el meticuloso investigador de las empresas patagónicas de Gúnther Plúschow, el alemán-chileno Gúnther Jüllich, observa justamente que Plüschow no se había jamás adelantado hacia aquellas latitudes septentrionales.
Pero el mayor mérito de revisión topográfica de la expedición del CAB en 1962 reside en haber corregido la equivocación del Padre De Agostini con respecto a los "Mellizos". Aún hoy los mapas oficiales señalan un "Cerro Mellizo Sur" de 3.050 metros de altura y, aproximadamente a 10 kilómetros más hacia el noreste, un "Cerro Mellizo Norte". De Agostini había denominado "Mellizos" a los dos grandiosos cerros contiguos, separados por una estrecha depresión, indicados en los mapas como "Cerro Mellizo Sur" pero que en realidad "mellizos" no son porque tienen formas bien distintas entre si.

Escribe Joaquín Hardt: "Estamos completamente seguros de que el Padre De Agostini estuvo equivocado y que lo que él denominó Cerros Mellizos no lo son. Los verdaderos cerros "Mellizos" están mucho mas al norte: es la montaña que los chilenos en su mapa aerofotogramétrico nombran como "Mellizo Norte". Para aclarar esta confusión proponemos mantener el nombre "Cerro Mellizo Norte" y que los que equivocadamente el Padre De Agostini llamó "Mellizos", y que figuran como "Mellizo Sur", se llamen: el más alto "Steffen" y el más bajo "Krüger", en homenaje a los dos grandes que exploraron el sur por la parte chilena. En el Krüger se encuentra una aguja gigantesca que como un guardián protege ahí la entrada al Glaciar Huemul y a la cual llamamos "El Gendarme".
En lo que respecta a los topónimos de la zona se observa además que el Glaciar Huemul o Huemules es denominado en otros mapas "Ventisquero Mellizo Sur", mientras que el Glaciar Rivera, así denominado hace tiempo en homenaje al fundador de la estancia La Ramona (Ramona era el nombre de su mujer) se encuentra indicado también como "Ventisquero Bravo".

No pocos fueron los problemas que la expedición debió resolver para el viaje de regreso. Se quedaron cortos de víveres y recorrieron toda la peñascosa orilla del Brazo Oeste para encontrar al primer y solitario poblador, Don Segura, solo en las proximidades del Brazo Pascua puesto que la estancia La Ramona había sido abandonada desde hacia tiempo y les pareció una ciudad fantasma. Para la siguiente y obligada travesía del lago tuvieron que reparar una viejísima embarcación que estaba tirada en la bahía y regresar "en un viaje de locura, mayormente a vela entre campos de témpanos y en parte de noche" a la orilla argentina de la cual habían partido.

CERRO STEFFEN

El ascenso a este soberbio cerro, que se produjo en el año 1965, habría pasado casi desapercibido si Voislav Arko, el muy atento historiador del CAB de Bariloche, no hubiera reportado el emprendimiento relatado por uno de los protagonistas en el Anuario Eslovenia Libre de 1966 como también en el Anuario del CAB por él preparado en 1967.

Ciertamente el relato de la expedición de 1962 había despertado la curiosidad de los hermanos de origen esloveno Jure y Pedro Skvarca quienes en aquellos años se estaban dedicando con éxito y de manera especial a la conquista de los grandes cerros del Hielo Patagónico Sur. Ellos mismos, acompañados por el amigo Gregorio Ahcin, tuvieron que aguardar muchos días de esperas y tratativas sobre las orillas del lago San Martin antes de poder embarcar hacia el Brazo Oeste. Una vez llegados a la Bahía Santa Lucía subieron a montar un campamento base al borde del glaciar Huemul. Pedro Skvarca prosiguió enseguida y alcanzó el paso situado entre los cerros Steffen y Krüger.

Seguidamente los dos hermanos realizaron el primer intento de ascenso pasando por la planicie superior del Glaciar Huemules. Al darse cuenta de que el ascenso por la pared sur resultaría casi imposible se dedicaron a examinar la pared Oeste que esperaban encontrar más fácil. Pero también ésta se presentaba problemática; solamente la cresta noroeste les ofrecía alguna esperanza de éxito y así cumplieron un intento a través de la misma. Pero cuando llegaron al final del primer tramo de cresta, luego de haber escalado una canaleta helada y tramos de hielo y roca, se encontraron con una desagradable sorpresa ya que la cresta se encontraba esculpida por un profundo corte y se perfila una hilera de torres lisas. Volvieron entonces hacia atrás y el mal tiempo de los días sucesivos los obligó a una larga pausa.

A mediados de enero, durante los mismos días en que José Luis Fonrouge y Carlos Comesaña logran el primer ascenso a la Supercanaleta del Fitz Roy, vuelve el buen tiempo del que aprovechan también Pedro y Jure Skvarca. Se dirigen entonces a la pared este del Cerro Steffen que Pedro había avistado en su primer día de exploración. La pared es de hielo y muy empinada, monótona en la sucesión de largos de soga siempre iguales. Finalmente una lengua de hielo conduce verticalmente al glaciar de la arista cimera más allá de un enorme corte de la cornisa. El techo de hielo fue superado con la ayuda de clavos y con un péndulo. Por suerte los últimos 200 metros fueron más fáciles y los dos llegaron a la cumbre con escasa visibilidad justo en el momento en el que se imponía nuevamente el mal tiempo. Bajaron enseguida y llegaron exhaustos a la base de la pared después de veintiséis horas ininterrumpidas de escalada.

Si bien aquí finaliza su victoriosa aventura sobre el Cerro Steffen el regreso les tenía reservado todavía algún problema "pues la vuelta a territorio argentino debió efectuarse por tierra debido a la falta de embarcación, debiendo cruzar los brazos del lago en pequeños botes de los pobladores".

¿NADIE MÁS?

"Para el montañismo, este distrito de la Patagonia alto-andina siempre tendrá el atractivo con que el mundo salvaje desafía a los espíritus fuertes, ansiosos de superación y libertad". (Mateo Martinic)

Luego del ascenso al Cerro Steffen volvió a reinar el olvido andinístico sobre la región. Se tuvo sólo una escueta noticia sobre una expedición de Santiago que en 1966 remontó el Río Pascua "con grandes dificultades logísticas y climáticas en el tupido bosque patagónico" y escaló un cerro rocoso al que llamaron "Nublado".
A medida que nos acercamos al Océano Pacífico, particularmente a lo largo del curso del Río Pascua, las condiciones se tornan en efecto mucho más adversas para un andinista ya que el bosque pluvial y largos glaciares plagados de grietas defienden muy bien a las cumbres nevadas que de vez en cuando salen seductoras de las nubes tempestuosas. En esta parte del territorio se había movido Juan Augusto Grosse, emigrado de Alemania a Chile en 1930, quien publicó en 1955 su "Visión de Aisén" relatando exploraciones y reconocimientos para una red caminera como así también una apreciación sobre terrenos aprovechables. El 12 de abril de 1945 subió con dos compañeros a un cerro llamado Cerro Menor (1.312 metros, quizás sólo 1.180 metros) sobre la orilla izquierda del Río Pascua. Es el más alto entre el valle en que se halla y el Pacífico, y desde su cumbre se puede avistar el Océano.

También sobre la península La Florida, que se interpone entre el Brazo Pascua y el Brazo Norte Oriental del lago, es raro ver emerger desde las nubes los varios cerros del desconocido macizo Taitao, pero la visión de la que pudimos gozar en los desgarros tempestuosos desde una cumbre secundaria que dominaba la huella hacia la Laguna Verde, fue en verdad fascinante (altura 1.600 metros aproximadamente, Gino Buscaini, Silvia Metzeltin, Angelo Todisco, 29 de enero de 1996).

Naturalmente no se descarta que andinistas silenciosos y modestos se hayan aventurado entre estos cerros tan aislados y que en ellos hayan cumplido algún ascenso del que nadie tiene noticias. No todos quienes aman este andinismo vagabundo están asociados a un club y publican relatos de cuanto han hecho y visto. Después de todo también la noticia del ascenso del que se habla a continuación afloró casi por casualidad en un relato que habla sólo de las fases del ascenso y ni siquiera comenta el viaje de acercamiento. Quizás aquí el territorio es propicio para el renacimiento de un andinismo privado, consciente y casi celoso de las bellezas salvajes y recónditas del planeta.

CERRO ALESNA

"Allende el mar de hielo se elevan las grandiosas cumbres gélidas, con finura de torres, de la Sierra O'Higgins; una de tales cumbres es llamada Lezna y fascina al andinista". (Federico Reichert)

Las cumbres más atrayentes en sentido clásico para un andinista se encuentran en la zona comprendida entre los dos cerros más importantes y que fueron ya escalados: el Cerro O'Higgins y el Cerro Steffen. Aquí despunta de manera elegante también la aguda pirámide del Cerro Alesna (2430 metros) cuyo nombre es la variante argentina de lezna, punzón para agujerear las pieles.
El Cerro Alesna ha sido escalado el 23 de enero de 1991 por Duncan Peters y Carl Fatti, miembros de una pequeña expedición sudafricana, luego de un intento llevado a cabo por sus compañeros Aleck McKirdy, Greg Moseley y Milan Arsenijevic algunos días antes, quienes descubrieron el mejor itinerario para alcanzar la más alta de las agujas que se elevan sobre la cúspide. La aproximación se produjo por un glaciar con séracs y grietas que conducía a un amplio paso entre el Cerro Alesna y otro cerro que denominaron Cerro Spyker. La vía es de hielo, luego de mixto y por último de roca escarpada pero sin dificultad para alcanzar la cumbre donde el altímetro indicaba 2600 metros. El 22 de enero de 1991 McKirdy y Moseley subieron a su vez a una cima sin nombre de 1.900 metros de altura. La expedición sufrió numerosos días de mal tiempo y lo único que los escaladores del Cerro Alesna se dijeron en la cumbre fue: "es horrible" - naturalmente refiriéndose a la tormenta y no al bellísimo cerro.

EL LAGO SAN MARTÍN-O'HIGGINS

Hablamos hasta aquí de cerros, de exploradores y de escaladores. Sin embargo el verdadero dueño de este territorio es el lago. Es él quien caracteriza el ambiente y el que ha condicionado la siempre escasa colonización.
Es el más irregular de los grandes lagos patagónicos, con muchos brazos, bahías, ensenadas, islas y penínsulas. En su conformación aparece como un conjunto de fiordos glaciares conectados entre sí. Su mayor afluente proviene de la Argentina: es el Río Mayer, que rodeando la Sierra de Sangra alcanza el Brazo Norte Oriental del lago en los alrededores de la actual Villa O'Higgins. Desde hace algunos años una pasarela colgante permite la comunicación con la Península La Florida a la espera de la construcción del proyectado puente.
Paralelo a este extenso Brazo Norte Oriental, cortado longitudinalmente en dos por el límite político, se extiende sobre el lado Oeste de la Península el Brazo Norte Occidental, apenas más ancho y más largo que el primero. A su término se origina el Río Pascua. Hacia el sudeste el lago se adentra en territorio argentino, y allí es posible alcanzarlo de manera relativamente fácil por tierra. Aquí el Río Toro forma un pequeño desagüe hacia el interior. Hacia el Oeste y sudoeste, en cambio, en sus brazos se descargan grandes lenguas glaciales que vierten tumultuosas aguas turbias de limo. El Glaciar O'Higgins emerge su frente de al menos 5 kilómetros de ancho y lo abastece continuamente de témpanos vagantes.
Todos los lagos patagónicos están expuestos a los vientos del Oeste que con sus ráfagas furiosas pueden llegar a impedir, o al menos a tornar dificultosa, la navegación. Pero el lago San Martín-O'Higgins es el más peligroso de todos. Ya escribía Onelli en 1899: "El lago San Martín es de todos los lagos del sur el que tiene más frecuentes y de direcciones más opuestas estos golpes de viento". Para la exploración del lago un capitán venido expresamente desde Escandinavia había construido entonces una primera embarcación bautizada "Los Andes" la que aún persistía en los relatos de los pobladores durante los años '30.

Los terrenos que rodean al lago son más bien pobres y los pobladores llegaron aquí más tarde que a otros lugares penetrando por el lado argentino. Sobre la parte sur del lago se instalaron entre 1914 y 1918 algunos británicos, escandinavos y también un suizo. A partir de 1920 llegaron colonos chilenos y argentinos: encontramos a los Sepúlveda, a los Gómez, a los Mansilla, a los Rivera, a los Bahamondes sobre varias orillas del lago, mientras que en la desembocadura del Río Mayer se creó un lugar de intercambio que en 1966 se transformará oficialmente en la Villa O'Higgins. Sin embargo las pocas estancias más ricas, que además de permitir la supervivencia de los colonos dieron trabajo a peones, se encuentran casi todas sobre las orillas argentinas del lago San Martin.
Los asentamientos de los pobladores tuvieron en general cambiantes destinos y a menudo no quedaron en el lugar más de dos generaciones. Sin embargo hasta los años '50 hubo un cierto desarrollo pero enseguida se agudizaron las reivindicaciones de los límites nacionales, sobretodo en las cercanías de la Laguna del Desierto, con problemas que conocieron su máxima tensión en 1965.
Notables son las vivencias de la familia Sepúlveda que había colonizado la zona de la misma Laguna del Desierto sin pensar en la existencia de una frontera disputable y que debió luego abandonar el lugar de un día para el otro. Padre De Agostini y el colono Andreas Madsen de la estancia Fitz Roy relataron las vivencias de los años '30 con coloridos episodios sobre la romántica fuga amorosa de una hija con un ovejero que vivía aislado en el Valle de los Toros. Pero luego siguieron las escaramuzas de límites y la burocracia se puso a perseguir a quienes no poseían títulos de propiedad. Hoy los descendientes de los Sepúlveda se encuentran diseminados un poco en la Argentina y un poco en Chile y de la casa de ellos en las cercanías de la orilla sur de la Laguna del Desierto no quedaron en pie más que cuatro postes. Sólo continúan floreciendo los altramuces y las rosas que habían plantado muchos años atrás porque las flores nada saben de las guerras y de las incomprensiones de los hombres.

A la Laguna del Desierto está llegando el turismo con la correspondiente esperanza de ganancias, hecho no extraño a la reciente vuelta de interés hacia estos lugares. ¿Pero quién quiere aún vivir aislado en las orillas del lago O'Higgins? Un anciano, Domingo Sepúlveda, vive solo y pasa los veranos vigilando su ganado en la desembocadura del Río Manso, ciertamente uno de los lugares más remotos que se puedan imaginar. En el invierno se traslada a caballo unas decenas de kilómetros hacia un lugar más reparado de la orilla, pero siempre aislado. Hoy los pobladores que quedaron son viejos, o bien mujeres con niños pequeños que no tienen más como en otrora las embarcaciones rudimentarias que les permitían, aún a fuerza de esfuerzos y riesgos, a vela, a remos o con motores desarmados de viejos camiones, cruzar de una orilla a la otra del lago.

Aún si varios años atrás llegaron desde los Estados Unidos canoistas capaces de atravesarlo en varios puntos con sus frágiles embarcaciones, la navegación sobre el lago sigue siendo el grave problema y en el fondo la gran aventura para todos quienes quieran y deban atravesar sus brazos. También el Padre De Agostini para llegar a La Ramona en 1940 la pasó feo: "La Pequeña embarcación por momentos se alza como una pajita sobre el vértice de las ondas, por momentos se precipita en remansos profundos, por momentos se zambulle en el vacío entre dos ondas verticales como un delfín, sumergiendo su proa dentro de una pared de agua impresionante bajo la cual desaparece unos segundos. Torrentes de agua corren a tontas y a locas desde la proa a la popa entre el silbido del viento y el quebranto de las olas". No es una descripción exagerada y se pueden escuchar cosas similares aún hoy cuando los pobladores cuentan sus viajes sobre el lago. Se puede también vivir directamente, acompañándolos con el miedo de los aguaceros sobretodo a lo largo de los 7 kilómetros del "cruce del Pascua".
La llave para mantener comunicaciones con quien vive en las peñascosas orillas del lago está en disponer de embarcaciones adecuadas pero sobretodo en conocer los caprichos del lago y en tener el coraje de navegarlo. Actualmente en Villa O'Higgins un solo capitán civil, venido de las islas del archipiélago de las Chonos, sabe navegar por todos los brazos gracias al conocimiento adquirido durante veinte años. Dispone de dos viejas lanchas en desuso de pescadores del Pacífico que finalmente llegaron al lago en carros tirados por bueyes. Las remendó con recursos ingeniosos y supo evitar varias veces el naufragio con astucia y habilidad. Su nombre es Antonio Vidal pero todos lo llaman "Pirincho". Como por ley toda embarcación tiene necesidad de una tripulación el segundo piloto de la lancha es su mujer, Florentina Bahamondes, una descendiente de los primeros pobladores de la península La Florida. De ellos heredó la determinación, el tesón, el gusto por la aventura y el buen humor, así que no sólo amarra en equilibrio entre los arrecifes sino que sonriendo sobre el lago tempestuoso saca el agua que invade la bodega, pesca salmones y prepara las tortas fritas para los viajeros.
Esta increíble pareja hace el servicio de ida y vuelta entre los brazos del lago abasteciendo a los pobladores de víveres, cartas y mensajes; cargan leña, querosene, ovejas y gallinas y resuelven con el trueque los dramas dé quienes no tienen dinero para comprar harina.

Aquí navegantes y andinistas pueden tener rasgos de carácter y elecciones existenciales en común. Los días transcurridos juntos sobre el lago tempestuoso, capeando de bahía en bahía para maniobrar entre el viento, los témpanos y las ondas, crean silenciosos pactos de fondo. Así la punta norte del Cordón Peine, a la que los mapas le atribuyen 1.981 metros de altura pero hasta ahora sin nombre, luego del ascenso (Gino Buscaini, Silvia Metzeltin, Angelo Todisco, ladera oeste y cresta sur, 16 de enero de 1996) fue dedicada a la intrépida mujer del "Pirincho".
De ahora en adelante quien navegue sobre el Brazo Oeste llegando a la altura de la ex-estancia La Ramona podrá darle un nombre al cerro puntiagudo que con su pequeño ventisquero aparece al fondo del valle: podrá llamarlo "Cerro Florentina".

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